Project Gutenberg's Parnaso Filipino, by Eduardo Martin de la Camara
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Title: Parnaso Filipino
Antologie de Poetas del Archipelago Magellanico
Author: Eduardo Martin de la Camara
Release Date: July 4, 2005 [EBook #16201]
Language: Spanish
Character set encoding: ISO-8859-1
*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PARNASO FILIPINO ***
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Gran Medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de Buenos Aires de 1910
español a ultranza; humano, fraterno y justo, cuando el serlo, bajo aquel «medio», despertaba suspicacias...
PARNASO FILIPINO
No te alebres, lector, al afrontar el título de este volumen, imaginando que van a servirte versos escritos en todas o algunas de las treinta y tantas lenguas vernáculas del Archipiélago Filipino. Ni yo sabría aderezar ese manjar, ni tú cómo catarle. Sobre que tal poesía es parva, «difícil de exponer», según el ilustrado erudito de allá Don Epifanio de los Santos Cristóbal, y con la antinomia de ser sus cultivadores, tanto o más que los autóctonos, misioneros españoles, en rimas «a lo divino», enderezadas a inyectar la fe de Cristo en los corazones isleños.
Los poetas son filipinos, pero los versos castellanos.
Por los dedos pueden contarse los vates indígenas en nuestro romance durante los tres siglos y pico de dominación hispánica. W.E. Retana1 nota tres hasta 1896: Atayde, Paterno y Rizal. Hubo algunos más: Seva, quejumbrón cantor de Charing (que aquí diríamos Rosarito); Manolo Rávago, en números de pura ortodoxia; Juan Caro y Mora, Hermógenes Marcó, Isabelo de los Reyes, etcétera, y ciertos bardos de ocasión aspirantes a la láurea en los certámenes patrióticos y religiosos, mocerío casi siempre adoctrinado en el «Ateneo» de la Compañía. Hasta 1898, año límite de nuestro señorío, fué meñique la falange versificadora, ¿Motivos? Retana aduce dos: la censura de imprenta y el desconocimiento del castellano literario por la mayor parte de los filipinos netos. Con la primera,--ejercida por funcionarios a tono con el ambiente, de patriotismo anquilosado, dignos de las covachuelas de Fernando VII,--sobra para justificar la inanidad del Arte egregio que no admite trabas ni menoscabos, sólo germinante en la gleba arada con reja de libertad y de justicia.
Nota 1: De la evolución de la Literatura Castellana en Filipinas.--Los Poetas.--Madrid, 1909.
Cuanto a la propagación del castellano, prueba Retana, documentalmente, cómo la coercieron los frailes--excepción los jesuítas--contrariando espíritu y letra de sucesivas reales cédulas metropolitanas. Cuán poco valió la treta lo demuestra no haber finado 1898 sin que vieran la luz pública composiciones de los más altos metrificadores tagalos, Cecilio Apóstol, Fernando M.ª Guerrero y José Palma, seguramente florecidas en aquellos retirados cenáculos donde se hacía literatura y revolución.
¿Están todos los que son y son todos los que están? Creemos sinceramente que sí. De los «inolvidables» no debe de faltar ninguno. Si se advierte llenura en la selección, entiéndase que el editor tiene sus exigencias y que este volumen ha de contar predeterminado número de páginas. Por añadidura, tratándose de exhumar una literatura inédita para muchedumbre de españoles, pide la discreción entregar al lector los mayores elementos de juicio en cantidad y calidad.
Poetas se hallarán capaces de medirse con los consagrados nuestros: tales Guerrero y Apóstol. Rizal, Bernabé, Recto, Palma, Balmori, Pérez Tuells, Victoriano, Torres, Marfori, muéstranse también versificadores de inspiración y enjundia, sin desdeñar a los otros, ni a ninguno, como explícitamente demuestra la recolección de su cosecha pimplea. Pero no queremos trocar en índice lo que es prólogo. Además, bueno es dejar un margen al leyente para que, con su propia solercia, espigue en el FLORILEGIO lo bello y lo galano.
La poesía filipina, por la época de su gestación, brota--¡en castellano!--algo hostil a la Metrópoli exdominadora. No pudiéndose evitar el idioma, esquívanse los únicos razonables modelos, nuestros clásicos y nuestros modernos, yendo los bardos a beber las castalias aguas en los «parnasianos» y simbolistas franceses y en los modernistas hispano-americanos. En éstos, singularmente. El azul y los lirios y rosas líricos de Rubén coloran y perfuman la nueva poesía ultramarina. Chispea el
«anillo de oro hecho pedazos,
que ya no es anillo, pero siempre es oro»,
de Santos Chocano. ¡Y cuán equivocados los neo-versificadores, si así creyeron librarse de hispanismo! ¡El autor de la Sonatina es poeta excelso porque hay muchos, muchos clásicos españoles en su educación literaria; y Mallarmé, por sólo citar un ejemplo, es chozno de Góngora!...
Es poeta elegante y lapidario Cecilio Apóstol, en cuyos números campa serenidad clásica. Bebió el licor ático en búcaro francés, posibles divinos «alfareros» Moreas o Heredia, no nacidos en Francia.
Otro vate plenamente logrado es Fernando María Guerrero, «príncipe de los líricos filipinos». En nuestra opinión desautorizada es el exponente etnológico, el poeta malayo por excelencia, el que más hondamente siente su raza. En Ilang-ilang, El Kundiman, A Filipinas, Bajo las cañas... vibra aquel alma tagala tan incomprendida, psiquis sin complicaciones ni morbosidades, primitiva, melancólica, paciente, siempre opresa y nostálgica de libertad, nervea y con arrestos en las ocasiones altas.
Trasciende en Bernabé, con muy gallardas estrofas en su obra, la preparación latina e hispano-clásica. También en Pacífico Victoriano y en Ramón J. Torres, poetas vigorosos.
Recto--discípulo de Guerrero como Marfori--luce amplio léxico, rico de color. Es lírico verdadero. ¡Si no se repitiera!
Palma, de estro enfermizo, fué delicado, noble y correcto.
Balmori es desigual. Tiene temperamento. Sabe decir muy bellamente..., cuando quiere.
Pérez Tuells ha de cuajarse. Ya da mucho. Más promete.
En la lira femenina el cordaje más melodioso pertenece a Adelina Gurrea, toda sentimiento y emoción.
Y asombrárase el leyente de que no haya aparecido todavía el nombre del doctor Rizal, cuya soberana poesía Ultimo Adiós ha recorrido el orbe. Sí, Rizal fué poeta; pero secundariamente. Su rasgo característico, bastante a obscurecer otras modalidades de su mentalidad, fué el de revolucionario: dentro de este amplio círculo están insertos el científico, el literato y el políglota. Cultivó todas las artes bellas, pero siempre disfrazada de musa la obsesión de manumitir y dignificar a su patria. Como poeta, le superan Guerrero y Apóstol.
En toda esa labor apolinea, aun sin cumplir--prescindiendo de los precursores--el cuarto de siglo de existencia, abundan inspiraciones gemelas: cantos a la patria, a la nacionalidad y la independencia, a los héroes epónimos--Rizal, Mabini, Jacinto, Bonifacio--loanzas de lo aborigen... A las veces--¡ay! con demasiada frecuencia,--y asombrados de discurrir sobre aquel bravío paisaje, surgen «Mimí», los violines de Versalles y el tacón rojo. Aun la metrificación suele ser exótica. Pero hay ternuras como la de Guerrero, tejiendo su canto A Hispania en el romance rotundo de los abuelos peninsulares.
Los poetas de este PARNASO, por lo general, no parecen descubrir en su solar motivos de inspiración. Porque los encuentra, elogia Guerrero a Marfori en el proemio de Aromas de ensueño. Ni el paisaje, tan sugeridor, les tienta, de lo que se duele el ya citado erudito de los Santos Cristóbal en el prólogo a Palomicas de mi palomar, de Felipe A. de la Cámara. Acaso lamentos tales obraron como nervino sobre algunas idiosincrasias, pues Apóstol, Recto, Valdés, Marfori, en composiciones recientes, plasman sensaciones de aquella prodigiosa Naturaleza.
Recapitulación de tildes. Es frecuente en los filipinos, aun los ilustrados, el sesear, defecto emergente de carecer del fonetismo de la ce sus lenguas vernáculas. De ahí el aconsonantar besos con rezos y sonrisa con sinfoniza. Otro vate consuena jazmín con jardín, lo que es menos explicable. Un tercero, queriendo decirle «rimador» a Rueda le dice rimero, cosa bien distinta... Pero no desmenucemos. En la construcción, es anomalía reiterada la de emplear los varios modos de los verbos cual si tuvieran igual valor en el tiempo.
Atañe este tema de los poetas filipinos pronunciándose por el castellano, a otro de transcendencia nacional: la perdurabilidad de nuestro idioma en el lejano Oriente.
Norte-América hizo, hace y hará lo posible por desarraigarle. Es un hecho que desde 1911 el lenguaje oficial obligatorio de las islas es el inglés; pero otro que dos años antes, o sea a los once de férula «yankee», se publicaban en el Archipiélago 79 periódicos, de los que 29 estaban redactados en castellano, 15 en lenguas vernáculas, 16 en castellano y lenguas vernáculas, 11 en inglés, 1 en castellano, inglés y lengua vernácula y 7 en castellano e inglés2. Ahora mismo, «La Vanguardia» y «El Debate», los diarios filipinos de mayor autoridad y circulación, en castellano se imprimen. Es también un hecho que de los 40 poetas insulares catalogados en esta ANTOLOGÍA poseen el inglés cuantos moran en las islas; pero otro que todos escriben ¡y sienten! sus composiciones en castellano. Y así, cuando vemos como título de una el Awake britano en lugar del español, Despierta, nos sentimos sorprendidos, como defraudados...
Nota 2: El idioma castellano en Filipinas.--Artículo de Antonio Medrano en la revista «Cultura Filipina». n.º I, Abril de 1***.
No parece próxima la concesión al solar rizalino de la independencia que ansía. Tanto peor para el idioma inglés. Porque el nacionalismo, henchido de brillantes poetas y prosistas, por dar en rostro al detentador, más ahincadamente empleará y propagará nuestro romance.
Y arribada la independencia, que al fin ha de llegar, insuficientes las lenguas vernáculas para las relaciones exteriores, así como el Japón, en trance parigual, escogió el inglés, el nuevo estado, si cae del lado del corazón, elegirá el castellano. Al fin, el área de los países de habla hispana es superior al área de los territorios de habla inglesa, y como idioma internacional el imperio del castellano será creciente, por lo prolífico de la raza, por el desarrollo de las jóvenes repúblicas de América, por haber sustituído su enseñanza a la del inglés y francés en las naciones que cuando la gran guerra lucharon frente a la Entente, y por extenderse el cultivo en las de ésta misma, con vistas a los mercados del Nuevo Mundo.
¡Sean los bardos tagalos paladines en su dorada Malasia del idioma colonizador!
Que «en Flandes se puso el sol»; pero para la lengua castellana no se ha puesto todavía...
Algunas líneas para justificar la incorporación al PARNASO de la sección consagrada a los Poetas españoles en Filipinas.
Apenas esgrimiendo el plectro, durante nuestra dominación, los nativos, por las razones apuntadas, ¿era posible que una robusta colonia de españoles alentara sin ejercitar el noble arte de la Poesía? No, por cierto. Siempre hubo poetas, pero más desde que la prensa fuése extendiendo. El culto estuvo reservado a una minoría de peninsulares, que, sin entrar de lleno en el país, estimándose transeúntes, no recibieron la sugestión de aquellas almas ni de aquella Naturaleza. A que la inspiración poética volara rastrera contribuyeron el medio y la censura de imprenta, también aplicada a la raza dominadora. Era de mal tono loanzar al país sin muchas reservas y alguna ironía; y quien con perennidad lo hiciera, corría el riesgo de que le apellidaran filibustero...
Aquellos metrificadores hispanos fueron, por lo común, «poetas de «Madrid Cómico», fabricantes de versitos festivos, sin pretensiones» ni transcendencia. De los que merecieron dictado de poetas se han recogido muestras. Hay entre ellos dos, Manuel Romero de Aquino y José García Collado, sobre cuya obra requerimos la atención del lector. Peninsulares ambos; pero emigrantes en edad moza al Archipiélago, allí besaron las pimpleides su frente de elegidos. Allí murieron, desconocidos de la tierra del abolorio. Mostráronse vates verdaderos, aun bajo el yugo de la censura, y habrían lucido como tales en los senos de cualquier mundo literario.
No sin esfuerzo hanse juntado los materiales del presente FLORILEGIO. Para seleccionar lo moderno, la enorme distancia entre aquende y allende y la inveterada pereza--por poetas y por filipinos--de los vates luego arracimados, nos amontonaron dificultades. Por suerte, hanos acorrido la sacra amistad, personificada en Adelina Gurrea, gentil poetisa insular, morante ahora en España, y en dos ilustres directores de periódico, que son algo más que periodistas: José María Romero Salas, de «El Mercantil», de Manila en esta oceánica ciudad conocido, entre literatos, por «El Maestro», y Joaquín Pellicena Camacho, eximio periodista en España. Con generosidad ejemplar de artistas enamorados de la Belleza y del Bien, nos han franqueado libros y papeles donde el alma malaya dejó su emoción lírica... Váyales nuestra gratitud, que no es una palabra más, sino un cordial latido del corazón.
Ahora, lector, déjame, porque yo te dejo. Tú vas ganando. Avanza la procesión de poetas...
Alcalá de Henares, ciudad abuela del
«Quijote», Septiembre, 1922.
Nació en Manila--humilde su cuna como la de Plauto--el 22 noviembre 1877. Fué bachiller por el Ateneo municipal, que regentaban los Jesuitas; y abogado, 1903, mediante exámenes ante la Corte Suprema de Manila. Comenzó a escribir, adolescente, en periódicos españoles de su ciudad natal. Su salida al mundo de las letras fué en «El Comercio», 1895, con la composición El terror de los mares índicos. Declara ser sus poetas dilectos Verlaine, Moreas y Baudelaire. Escribió versos en lengua francesa. Muchos premios en certámenes literarios.
(EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO)
¡Héroe inmortal, coloso legendario,
emerge del abismo del osario
en que duermes el sueño de la gloria!
Ven. Nuestro amor, que tu recuerdo inflama,
de la sombrosa eternidad te llama
para ceñir de flores tu memoria.
Esta es la fecha, el día funerario
en el cual el tirano sanguinario
te hizo sufrir el último tormento,
cual, si al romper el ánfora de tierra,
la esencia que en el ánfora se encierra
no hubiera, acaso, de impregnar el viento.
¡Cuánto te debe el
pueblo! En tu calvario
eras ayer el astro solitario
que alumbraba los campos de batalla,
la dulce aparición, rizo del cielo,
que infundía a los mártires consuelo,
valor al héroe y miedo a la canalla.
¿Quién no sintió huídas sus
congojas
repasando tu libro3 en cuyas
hojas
la popular execración estalla?
Hermanando la mofa y el lamento,
vibra, encarnado en su robusto acento,
el silbo agudo de candente tralla.
Nota 3: José Rizal, Noli me tangere.
Quizás en tu ostracismo voluntario
juzgabas que era un sueño temerario
manumitir nuestra oprimida raza;
mírala hoy: es virgen arrogante
que, con la augusta libertad, tu amante,
en un amplexo fraternal se enlaza.
Caíste como fruta ya amarilla,
pero cayó contigo la semilla.
Ya es una planta vigorosa; el germen
ha medrado en el surco de la senda,
y libres ya de la mortal contienda
bajo su sombra tus hermanos duermen.
¡Duerme en paz en las sombras de la nada,
redentor de una patria esclavizada!
¡No llores, de la tumba en el misterio,
del español el triunfo momentáneo,
que si una bala destrozó tu cráneo,
también tu idea destrozó un imperio!
¡Gloria a Rizal! Su nombre sacrosanto,
que con incendios de Thabor llamea,
en la mente del sabio es luz de idea,
vida en el mármol y en el arpa canto.
El enjugó de nuestra patria el llanto;
su verbo fué la vengadora tea
que encendió, en el fragor de la pelea,
los laureles de Otumba y de Lepanto.
Reverénciale, ¡oh pueblo redimido!
Llanto del corazón vierte afligido
por el amargo fin del gran patriota.
Y hoy que en los aires la tormenta zumba,
¡no salga ni un quejido de su tumba
al verte, oh pueblo, nuevamente ilota!
30 Diciembre 1898.
Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar correspondiente de este Florilegio.
Nota 5: Personaje central de Noli me tangere, donde el autor de la novela tal vez quiso personificarse.
Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelión.
Nota 7: Alusión al de amistad concertado entre Miguel López de Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por España, y el régulo Lacandola. Por imitación de éste le firmaron ambos personajes, mojado el cálamo en sangre para el caso extraída de sus venas. Tal suceso histórico sujirió al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un hermoso lienzo que, al cesar la soberanía de España en el Archipiélago, (Agosto, 1898), decoraba un salón del Palacio municipal de Manila.
(A. MABINI)8
Justum et tenacem propositi virum. HORACIO.
Nota 8: Apolinario Mabini, paralítico de cuerpo pero luminoso cerebro de estadista, redactó las leyes sobre que se asentó la efímera república filipina y fué elegido presidente del primer gobierno revolucionario de Malolos, Enero, 1899.
Ante el eterno símbolo granítico,
consagración de tus civiles palmas,
cumbre mental, sublime paralítico,
te aclaman hoy nueve millones de almas.
El tiempo, que devora despiadado
nobles recuerdos dignos de la historia,
sobre el rojo horizonte del pasado
conserva y magnifica tu memoria.
Hoy, como ayer, la multitud te aclama,
te elogia el sabio, te celebra el sistro;
y es actual, por imperio de tu fama,
tu investidura de primer ministro.
Murió el Estado efímero que urdiste,
sin otro alguno, ni anterior, ni análogo;
mas tu gobierno espiritual, subsiste,
está en vigor tu original Decálogo.
Cuantos admiran tu genial vestigio
grabado en el solar de tu linaje,
vinculan a tu límpido prestigio
la sanción de un perpetuo caudillaje.
Madura en hechos la rebelde idea,
mútilo el cetro de la noble España,
la reconquista levantó su tea
para alumbrar tu constructiva hazaña.
La patria de las ansias juveniles
estaba allí, de sus destinos dueña,
alzada sobre un bosque de fusiles
bajo el amparo de una libre enseña.
La que soñaste, acaso, en un monólogo
bajo un frandaje de rotundas mangas,9
labrando arquitecturas de ideólogo
en la quietud de tu natal Batangas.
Nota 9: Fruto del árbol terebintaceo nombrado mango.
Patria inmortal de la actuación primera,
que en sangre mártir empapó tu suelo,
y en los pliegues cuajó de una bandera
la afirmación de su vital anhelo.
Patria naciente, tras labor titánica
como aquellas de Bismarck y de Mazzini,
faltaba un hombre que la hiciese orgánica,
¡y ese hombre fuiste, colosal Mabini!
Ignota corre el agua subterrána
hasta que, gracias al humano ingenio,
bajo el subsuelo surge subitánea:
así, glorioso, apareció tu genio.
Y fué cuando otra vez tembló la tierra
al paso audaz del triunfador Emilio,10
cuando la mano que rigió la guerra
se levantó al poder desde tu exilio.
Nota 10: Aguinaldo, caudillo de la revolución, luego generalísimo y presidente de la república.
Todo el nuevo fervor del patriotismo
que exaltaba un espíritu halagüeño,
la intuición, la acuidad, el dinamismo
mental pusiste en tu grandioso empeño.
Y tu obra demostró que, si fecundo
fué tu pueblo en heroismos de batalla,
también podía presentar al mundo
un estadista de tu enorme talla.
La flor ilustre que cuidó tu mano
tronchóla el soplo de enemigo cierzo;
mas la medida del valor humano
no el éxito la da, sino el esfuerzo.
No queda del ayer para el fenicio
mas que la huella del sangriento agravio,
y para el pueblo el noble sacrificio
y tus laureles de patriota y sabio.
Será execrado el triunfo de la fuerza
en nuestra actualidad de cautiverio,
mientras la ley de la justicia ejerza
en la conciencia universal su imperio.
Mas no murió la causa independiente.
Faltóla el brazo, pero tiene asilo
en las almas, y flota en el presente
como la cesta bíblica del Nilo.
No es fácil, no, que el ideal sucumba
bajo la acción del tiempo o la violencia,
pues, como el trigo de la egipcia tumba,
en sí contiene secular potencia.
Y ha de surgir en el futuro ignoto,
llevado a plenitud por el destino,
como la flor del legendario loco,
como el cofre del Padre Florentino;
porque supo de triunfos y derrotas,
porque tuvo su cruz y su calvario;
la sangre le ofrecieron los patriotas
y tú el cerebro, ¡oh gran Apolinario!
Era de hierro y de cristal tu mente;
grandes ideas modeló su fragua;
tuvo el vuelo del águila potente
y la profunda claridad del agua.
La vida concentró sus energías
en tu cerebro luminoso y triste.
Ninguna falta de los pies tenías
para los altos vuelos que emprendiste.
Fuiste toda una mente geométrica,
fórmula abstracta, puro pensamiento,
que nos hablaba en nuestra noche tétrica
con una voz de sibilino acento.
A la tienda llegó del adversario,
razonador, sin altivez ni reto.
Si no cambió su juicio refractario,
mucho fué que ganara su respeto.
Buscó el retiro de rural sosiego
y prosiguió su ruta sin desmayo.
Para trazar su rúbrica de
fuego,
tras densa nube se recoge el rayo.
Sobre el rojo fulgor del exterminio,
sobre el mortal estruendo de las balas,
en el azur, su natural dominio,
serenamente desplegó las alas.
Allí alumbró la senda tenebrosa
en su función de numen y atalaya;
allí engendró la concepción grandiosa
de una fecunda comunión malaya.
Tu inteligencia en su carnal encierro,
era un poder supremo y absorbente.
¿Que fué tu misma voluntad de hierro
sino una fuerza que forjó tu mente?
Y este fué el timbre, el sello más glorioso
que señaló tu espléndida carrera;
rimaste el pensamiento vigoroso
con la indomable voluntad austera.
Aquí estás ya en lo eterno de la piedra,
genio vindicador de nuestra raza.
A tu columna, con amor de hiedra,
nuestra ferviente admiración se abraza.
Gentes futuras cantarán tu nombre,
y al contemplar tu busto en el espacio
dirán:--«Fué un alto pensador, un hombre
justo y tenaz como el varón de Horacio.»
Patria, que ves, gozosa, en tu sorpresa,
los saltos de gigante de tu raza,
y vives entre un iris de promesa
y un nubarrón lejano de amenaza;
patria fecunda en héroes y licurgos,
nadie habrá que tus méritos no estime;
pues siendo madre de Rizal y Burgos,
pariste un paralítico sublime.
Mabini fué un excelso paradigma.
En sus virtudes tu virtud renueva.
Así saldrás, gallarda y sin estigma,
de los rojos crisoles de la prueba.
Y aunque contemples en casual desfile
el torpe halago y la esperanza trunca,
sabrás sentir, cuando tu fe vacile,
toda la fuerza del vocablo «nunca».
Pero, si indigna de tus dioses lares
perpetuamente has de vivir cautiva,
fuera mejor que tus contiguos mares
en un sepulcro te sepulten viva.
Marzo, 1915. (Al inaugurarse en Batangas el monumento a Apolinario Mabini).
(CON OCASIÓN DEL VIAJE A FILIPINAS DE SALVADOR RUEDA)
Y mientras en Europa tiene un festín la
«Intrusa»
y los vetustos pueblos son como inmensas piras,
España, fabricante de las más fuertes liras,
desda el castillo en donde la hostilidad rehusa,
amante nos recuerda enviándonos su musa.
Gracias, oh madre antigua, por el presente regio
que a la abundancia sumas de tus pasados dones.
¿Qué más que la
embajada de tu poeta egregio,
qué más que su exquisito y vasto florilegio
para sellar afectos y sugerir uniones?
España: está en el mundo tu alta misión
fijada;
en sueños de conquista tu acción total se
inspira,
tu historia está en América, en Flandes y en
Granada.
Ayer fundaste reinos por medio de la espada.
Hoy vuelves a ganarlos por medio de la lira.
En la extensión del tiempo aquel sueño aquilino
que presidió las hoestes del Quinto de los
Cárlos,
en forma renovada, prosigue su camino.
Si a pueblos de tu raza no intentas sojuzgarlos,
sus rumbos enderezas hacia un común destino.
Yo admiro el alto vuelo de tu ideal conquista
que, alzándose del lodo de la mortal miseria,
abarca el mundo hispano con ojo imperialista,
y aspira, por la magia del sabio y del artista,
a establecer las bases de una mayor Iberia.
España: nos desune del piélago la anchura;
también la propia sangre de tí nos diferencia.
Mas tuyo es nuestro idioma, es tuya la cultura
que a remontar nos lleva tu nacional altura;
que nutre el santo anhelo de nuestra independencia.
Y si, por rasgos étnicos, en gran desemejanza
de tu linaje insigne nuestra nación está,
sabemos que, al principio, para pactar su alianza,
juntaron y bebieron, a la nativa usanza,
sus sangres en un vaso Legazpi y el Rajah.
Madre de veinte pueblos que hablan tu hermoso idioma
yo te saludo en este tu embajador poeta
y ansío que tu sueño, análogo al de Roma,
lo vivifique un mundo que te ama y te
respeta
eterno sea el triunfo de tu vital axioma.
Vivir es renovarse. De tu pasada gloria
el canto repetido tu acción jamás empaña.
España ya estás libre; no hay moros en tu
entraña.
Renueva el viejo grito que truena por tu historia
y dí al patrón heróico: ¡Santiago, y
abre España!
Abre España a las nuevas corrientes de la vida,
abre España al abrazo de sus hijos dispersos
y surja del Pirene, como hostia bendecida,
el sol de un culto unánime, en el que adore unida
la progenie del inca de los cultos diversos.
Bendito será el día en que a la vida brote
del suelo de Pelayo un nuevo y fuerte imperio
que pase de Galicia, que pase del islote
de Gibraltar, el día en que medio hemisferio
raye con larga sombra la lanza de Quijote.
Septiembre, 1915.
El sol en su ebriedad suprema el suelo muerde.
Porque todo en la hora canicular concuerde,
Ni un hálito de brisa cruza la extensa y verde
Paz del campo, ni un ave en el azúl se pierde.
Un mango aislado eleva su centenaria fronda
Junto a un punsó11 enano de giba
aguda y monda,
Que las hormigas alzan para que en él se esconda
El nunu12 vigilante que por las mieses
ronda.
Lejos corre, seguida del crío, una potranca;
Un carabao lustroso en un charco se estanca;
En su lomo una garza hace una nota blanca.
Un río desenrosca las eses de su tripa,
Y asoman, allá en donde su curva se disipa,
Las manchas trapeciales de unos techos de nipa.
Nota 11: (Punsó) Montículo de tierra elevado para su albergue por la hormiga nombrada anay.
Nota 12: Fauno, silvano.
(EN LA NATIVIDAD DE RIZAL)
Fué en una hora de graves indicios,
cuando por sobre la calma ilusoria,
tú, que ensayabas tus vuelos novicios,
patria, escuchaste mi voz monitoria.
Dieron los hechos razón a mi aviso
diste en la clave del pérfido enigma,
cándido el pueblo que fué manumiso
en la quimera que dora su estigma.
Sobrevivimos con harto desdoro
a los horrores del fiero desastre;
sobrevivimos y un áureo decoro
cubre un harapo de vida en arrastre.
¡Oh, cuántas veces, en noches sin astros,
como al imperio de un alto dictamen,
héroe, tu sombra define sus rastros
fija en un gesto solemne de examen!
Y yo te veo, temblando ante el mágico
gesto que imprime en el aire su marca,
(tal vió la sombra paterna aquel trágico
príncipe triste que hubo en Dinamarca).
No de vindicta de infamias inultas
tu epifanía camino me traza;
yo te adivino las ansias ocultas:
quieres la suerte saber de tu raza.
¡Cómo decirte que un huésped ingrato,
hábil en agios y en constituciones,
rota la suya, mediante un contrato,
es nuestro dueño por veinte millones!13
Nota 13: Alfilerazo a los Estados Unidos.
¡Cómo decirte que un mal metabólico
identifica a la antigua colonia,
que, bajo el peso de hierro simbólico,
nuestro terruño nos es Babilonia!
¡Cómo decirte que yerras ilusas
las esperanzas bajo un cielo obscuro,
que el Ideal, con ambiguas excusas,
tiénenlo a fianza de ignoto futuro!
Una tutela que no demandamos
pone a las ansias el freno del hecho.
Y tras dos guerras por no tener amos,
¡somos mendigos del propio derecho!
Hay libertades civiles, hay templos
en que se plasman futuras matrices
de ideas sanas, hay nobles ejemplos,
¡hay el empeño de hacernos felices!
Tiene un programa de sano humanismo
el nuevo César plutócrata y rubio,
y hasta en el culto a tu excelso heroismo
se nos asocia en un sabio connubio.
Bellas promesas que un rato recrean
luego se fugan con gestos ausentes,
y en combativas arenas chispean
cruentos reproches, cual gladios fulgentes.
Propios y ajenos pecados disculpo;
--con la codicia, del brazo, va el hambre,--
cierto es, en tanto, que hemópico pulpo
viene extendiendo su odiosa raigambre.
Haz que formemos, Señor y Maestro,
contra ambiciones un sólido muro,
por la memoria inmortal del ancestro,
por el destino del nieto futuro.
Frente a la audacia del imperialismo,
que en triunfo ostenta el orgullo del yelmo,
danos tu lumbre, tu bravo heroismo,
y une las almas en fuerte cogüelmo.
Y proclamemos, de cara al Destino
y ante cañones de gruesos calibres,
que existe un nuevo derecho
divino:
el de los pueblos a ser todos libres.
Y antes que el tiempo nuestra espalda encorve,
pueda la patria de tu amor, Rizal,
bajo el glorioso luminar del orbe,
levantar su bandera nacional.
Manileño. Residió largas temporadas en la metrópoli, forzado algunas veces por su profesión militar. Murió, siendo comandante, en 1896. Cultivó el apólogo. Dirigió en Manila un diario.
Ve el hombre pasar el año
con mirada indiferente,
cual ve el árbol la corriente
que le riega con su baño.
Justo el desprecio es quizá;
que el agua que va pasando
a la tierra socavando,
al árbol arrastrará.
Tampoco el hombre «no» advierte
del tiempo la brusca huida,
¡que al par que le da la vida,
le va arrastrando a la muerte!
Contemporáneo. Natural de la Pampanga.
Lentamente se mustian mis pobres ilusiones
Tristemente se mueren mis ensueños en flor...
Y en todas mis endechas y en todas mis canciones
Solo hay cantos de pena y quejas de dolor.
Ignoro este misterio tan triste de mi vida
Que a veces con mis lloros, yo quisiera morir...
Ignoro si hay otra alma sensible y dolorida
Que en esta vida quiera mis penas compartir.
Ni los labios henchidos de mimos y embelesos
Que mitigan las penas con caricias y besos
Han podido de mi alma suavizar el dolor.
¡Misterio de mi vida! ¡Oh mi queja infinita!
¡Sólo a ti te comprende, mi fiel madre bendita,
Que con su santo beso, regenera mi amor!...
Hay como besos locos de bocas olorosas,
hay brisas perfumadas de lejanos abriles,
hay aromas quiméricos de mileguas y rosas,
al oscular la aurora los dormidos pensiles.
Hermosa está Natura. Albarizos encajes
pueblan el azúl cielo. En amorosas citas
las aves mañaneras juegan en los ramajes
y se inebrian de esencias de suaves sampaguitas.
Besos de sol se posan en las cabezas mustias,
y ante las plantas de una Virgen de las Angustias,
musitando plegarias de matinal candor,
como una blanca sombra, está Mimí de hinojos
desgreñada la trenza, soñolientos los ojos,
--princesa fugitiva de un país del amor.
A SALVADOR RUEDA
Embajador poeta que vienes a esta tierra
donde flameó un día la enseña roja y
gualda,
toma las galas todas que mi solaz encierra
y danos de tus rimas la perennal guirnalda.
De tus gloriosos versos la prodigiosa alquimia
afianzará los vínculos de nuestra antigua
alianza,
que no en balde parlamos la hispana lengua eximia
y bruñó el sol nativo del «Quijote» la
lanza.
No morirá en mi tierra la lengua de Castilla,
la cultura española no encontrará su ocaso,
las leyes del Rey Sabio tendrán vida inmortal;
porque en la historia un nombre eternamente brilla,
al lado de Cervantes, Molina y Garcilaso,
el nombre de aquel vate, héroe y mártir: Rizal.
Manileño. Comenzó a metrificar para el público a los quince años, y a los diez y siete publicó su volumen Rimas malayas (Manila, 1904). Sus primeros modelos fueron Bécquer, Espronceda y otros bardos hispanos. Idolatró, luego, en Rubén. También cree en Villaespesa, Rostand y D'Annunzio. Es padre de dos novelas y dos zarzuelas. Laureáronle en copia de certámenes poéticos.
(LETRA DE UN HIMNO ESCOLAR A RIZAL, PREMIADO NOVIEMBRE, 1908), EN CONCURSO PROMOVIDO POR El Renacimiento, DIARIO NACIONALISTA DE MANILA.
Del suelo de la patria que vuestra, sangre encierra
hoy brota un himno santo en vuestro augusto honor.
¡Gloria al que abrió los surcos para labrar su
tierra!
¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su
amor!
No se extinguió en los aires vuestra palabra amada;
no faltan labios jóvenes que besen vuestra cruz;
y la legión de apóstoles por vos fructificada
no olvida al que en la noche cayó pidiendo luz.
Luz para las conciencias, para las almas todas;
luz para el ara triste del olvidado altar;
que aquella vuestra lámpara que se apagó en las
bodas
iluminó, estallando, el alma popular.
Brotan frutos del suelo que el germen vuestro encierra;
las almas aprendieron a amar en vuestro honor...
¡Gloria al que abrió los
surcos para labrar su tierra!
¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su
amor!
(CUENTO)
Señor: Pues ésta era una gentil chiquilla
Hija de un primitivo y autóctono rajhá,
Más bella que la estrella que sobre el viento brilla,
Más dulce que este cuento que a tí brindado
vá.
¡Si hubieras visto qué ojos! ¡Lo mismo que dos
frutas
De un lomboy14 que tuviera las
ramas perfumadas!
¡Y qué labios de rosa! ¡Y qué gloriosas
rutas
Y líneas las del cuerpo de carnes encantadas!
Y se llamaba Flora, como la primavera,
Y su voz como el canto de los pájaros era,
Y sus cabellos negros y largos, y su frente...
Su frente era como un jazmín harto de aurora,
Con mucho de románticos amores soñadora
Y mucho de los rayos de luna. Dulcemente.
Nota 14: Fruto negro, brillante, del árbol así nombrado.
Señor: Pues esta niña estaba abandonada
Por el rajhá, ocupado en combates sin fin,
Y como ya muriera su madre, infortunada,
Ahora buscaba amor y aroma en el jardín.
Pero las flores, muchísimo menos amorosas
Que esas santas llamadas las madres de los hombres,
De la gentil chiquilla y su beldad celosas
Acordaron matarla, señor, aunque te asombres.
Que a veces la flor mata, como matan las leyes,
Así sean las víctimas diosas o hijas de reyes,
Así el verdugo luego grite arrepentimiento.
Y el acuerdo de todas las flores vengativas,
Desde las sampaguitas hasta las siemprevivas,
Quedó temblando a modo de una hoz sobre el viento.
Y aquí viene lo triste, señor, de todo esto;
Porque una tarde Flora cortó y cortó más
flores,
Y luego de apiñarlas en su tagalo cesto,
Se fué a su lecho para contarlas sus amores.
Y se quedó dormida con ellas, y con ellas,
Que se reían bajo la luz de las estrellas,--
Lámparas de oro puestas en el celaje cónico,--
Flora, a la luz del alba amaneció abrasada,
Completa y dulcemente, de muerte perfumada.
¡Las flores la mataron con su ácido
carbónico!
(HACIA LO PARADÓJICO)
Y Dios cogió una vara de estrellas encendidas
Para prenderle fuego al cráter del volcán.
Temblaron las entrañas del monstruo, sacudidas.
La noche se tiñó del sol de sus heridas.
Y al despertar del sueño de siglos el titán,
Buscó a las dulces vírgenes al pié de su albo
lecho,
Buscó a las flores hechas de todos sus vapores
Para clavar--¡qué loco!--sus garras en el pecho
De vírgenes y flores.
Cayeron. Y por ellas
Lloró el coloso luego sus lágrimas de estrellas.
Y es que algo en el zarpazo del débil a los fuertes
Pudiera aventurarnos a inmensos silogismos.
Si fueran esas cumbres eternamente inertes
Las águilas no harían su nido en los abismos
¡Oh ejemplo de las lavas!
¡Oh, tú, que matas vírgenes y rosas con tus
babas
Llorando aquella risa con que rodó Satán!
Sigue rompiendo almas, sigue rompiendo prados.
Dios cogerá una vara de lirios perfumados
Para apagar el fuego del cráter del volcán.
Alma bohemia que jamás se abate,
gemela de Talión y Prometeo,
antes que suene el grito de combate
por la arena del circo me paseo.
No temas tú, oh Amor, porque me veas
despreciando mi vida ante el Coloso;
Una gota de sangre en las ideas
¡es Jesús en el Gólgota glorioso!
¡Y yo no temo al César! Por mis venas
corre sangre de mártires malayos...
¿Quién dijo que con balas o cadenas
puede atajarse el vuelo de los rayos?
Se ha de inclinar su testa coronada
bajo el verbo de gloria que pregono,
¡que es más grande mi pluma que su espada!
¡y hay más fuerza en mi pecho que en su trono!
Pero no has de temblar, ¡oh dulce amada,
Luz de mis ojos, paraiso mío!
Cuando tú veas fulgurar mi espada
en el solemne y loco desafío.
Que así cubra mi frente la victoria
como sobre la arena me desangre,
¡Si triunfo, para tí toda mi gloria!
¡Si caigo, para tí toda mi sangre!
Yo he abierto mi puerta al mendigo
y le he dado el dinero que tengo.
El pobre es mi padre y mi amigo,
y es pobre el hogar de que vengo.
He dado mi plata, a los ruegos
del viejo que llama a mi puerta
y clava sus ojos, ya ciegos,
en mi alma al amor siempre abierta.
Yo he dado mi plata ¡qué importa!
No lloren por mí los abuelos.
La vida es muy triste y muy corta,
y hay algo que premian los cielos.
Y no ha de faltarme a la mesa
el triste mendrugo que he dado;
que un ángel de Dios siempre besa
la mesa del que es desgraciado.
Bendiga mi frente la muerta;
la madre que lloro y bendigo.
Por ella yo he abierto mi puerta,
y he dado mi plata al mendigo.
(PREMIADA EN CONCURSO ORGANIZADO POR LA «CASA DE ESPAÑA», DE MANILA, 1920).
Señor de los poetas, de los desventurados
De todos los de ensueño de libertad turbados,
De los que han hambre y sed de justicia en la tierra!
Señor de los esclavos, señor de las zagalas,
En cuya frente baten las águilas sus alas,
Y en cuyo pecho España su corazón encierra!
En la vida que es triste, que es llena de amargura,
Y que sólo el amor salpica de ventura,
Como a ingrata doncella amante dadivoso,
¿Qué corazón que suena, que espíritu
que adora,
No convierte en princesa la humilde labradora
Y no cree que Aldonza es la flor del Toboso?
Aún seguimos soñando castillos las posadas,
Ejércitos de príncipes altivos las mesnadas,
Jardines encantados los páramos sin dueño,
Y en todos los instantes y en todos los caminos,
Todos vamos cayendo por luchar con molinos,
Y a todos nos destrozan las aspas del ensueño!
¿Qué sería del mundo sin el halo divino
Que nos cubre lo mismo que el yelmo de Mambrino?
¿Qué sería la vida sin la dulce
poesía
Que ciega nuestros ojos con sus flotantes tules,
Para llenar el alma de límites azules,
Y partir con un Sancho el pan de cada dia?
¡Oh, señor, ve que es cosa de gran desesperanza
salir por esos campos empuñando la lanza,
A desfacer entuertos en sin igual empresa!
¡Luchar con la quimera hasta rendir los brazos,
Y azotarse las carnes hasta hacerlas pedazos,
Por romper el encanto que aduerme a una princesa!
Pero todos lo hacemos. Todos siguen de trote
No hay un hijo de España que no sea Quijote,
Y aunque vaya soñando, haga el bien por doquiera.
Destrozado y herido le hallarán en la vida,
Pero no habrá una herida más ideal que su herida,
Ni habrá estrella más alta que su noble quimera.
Nada importa el que clama que su esfuerzo es locura,
Que es inútil su arrojo, que es fatal su aventura
¡Don Quijote discute todo eso con su lanza!
Y, en tanto ya ensartando malandrines follones,
Cargado de esperanzas, de ensueños, de visiones,
Por los campos del mundo avanza, avanza,
avánzá....
A su paso se llenan de flores los caminos,
Se abren todas las ventas, se callan los molinos,
Y aunque por todo oro lleve su sola historia,
Ante su porte triste soberbio, vagabundo,
El sol se para en lo alto de la frente del mundo,
Y como una campana de luz repica a gloria.
(PREMIADA EN EL MISMO CERTAMEN QUE LA ANTERIOR)
Cuando cada monarca de la tierra
Sobre un cráter de horror su espada afila,
Y muere en flor la pompa de la tierra
Bajo los potros del moderno Atila;
Cuando Europa, violada y destruida,
En ese loco batallar sin nombre,
Siente que escapa su divina vida
En el agonizar de cada hombre;
Sólo tú, paladín excelso y franco,
Caballero ideal de punta en blanco,
Guardas tu espada de encendida lumbre,
Y abres en cruz tus brazos soberanos,
Para llamar a todos tus hermanos,
Como un Dios en lo alto de una cumbre.
VICTORIA DE BATTEMBERG
Mujer de fresa y nieve y terciopelo,
Suave como los besos de las brisas,
En cuyos ojos el azul del cielo
Es una flor de luz rota en sonrisas;
Hada dormida en pálido y sonoro
Ensueño ideal de amores y sigilos,
Cuyos cabellos de fragante oro
perfumaron a un rey entre sus hilos;
Reina gentil de aroma y maravillas
A quien un pueblo puesto de rodillas
Como a custodia de su fé venera.
No de Isabel la sangre esplendorosa
Va en tus venas. ¡Pero eres una rosa
Que lleva España abierta en su bandera!
BANDERA ESPAÑOLA
No hubo rincón en el mundo en que no ondearas,
Izada por la gloria de una hazaña;
No hubo ciudad ni yermo en que no hablaras,
Con tu oro y con tu púrpura, de España.
Y siempre en lo alto del ideal que enfloras,
Y del amor divino que sustentas,
Te besaron sonriendo las auroras,
Y te escupieron su ira las tormentas.
Pero aún flameas bajo el sol intacta,
Y la gloria que aun contigo pacta
Alza hacia ti su corazón desnudo.
Te reserva más cumbres y más cielo;
Cumbres de amor y honor para tu vuelo;
Cielos de egregia luz para tu escudo!
El alma del poeta filipino
Se detiene en la aurora del camino
Y llama con sus alas a tu puerta
¡Es la hora en que el amor abre sus galas
Si has oido los golpes de mis alas,
Señora de mis cánticos, despierta!
Crisol de veinte estados castellanos,
Reina que sostuviste con tus manos
De dos Mundos la esfera estremecida,
Y rasgaste en pedazos tu bandera
Porque la enseña de esos pueblos fuera
Girón de tu alma, soplo de tu vida!
¡Vieja y noble leona castellana!
Tuya será la norma del mañana,
Como es hoy, por la gloria de tus hechos.
¡Te lo rujen unidos los cachorros
Que se amamantaron con los chorros
De las divinas fuentes de tus pechos!
Te lo dice esta fiesta de la Raza,
Rosal de luz que en rosas se te enlaza;
Y de onda a onda, en rebrincar mirífico
Te lo clama vibrando en aureo cántico,
Cristóforo Colombo en el Atlántico,
Y Hernán de Magalhaes en el Pacífico.
Tu eres la amada que jamás se olvida,
La labradora, de ilusión vestida,
Que hace de eriales, cármenes fecundos,
Y si ante el Cid, Castilla no se ensancha,
En cambio Don Quijote de la Mancha
Tiene por lanza el cetro de los mundos.
¿Qué te importa que en tierras del Oriente
Coronaran de abrojos la tu frente?
¿Qué, el que las Américas en coro
Se desprendieran todas de tus brazos?
«Un anillo de oro hecho pedazos,
Ya no es anillo, pero siempre es oro!»
Y nos queda el amor. ¡Lo que no muere!
Lo que es igual cuando nos besa o hiere!
¡Rosa inmortal rodeada de espinas!
El santo amor que te empujó quimérica
A vender tu corona por América,
Y a abrirte el corazón por Filipinas.
Alza la frente que abatió la pena;
Sacude el huracán de tu melena;
Llene el viento el clangor de tus rugidos...
Despierta, hermosa leona castellana,
Que tus huestes tocando están a diana,
Con los aceros hacia a tí rendidos.
Restallan bajo el sol tus estandartes,
Dice España el amor por todas partes,
Las almas beben cuanto tú interpretas,
Y por cumbres, collados y senderos,
Se une al himno triunfal de los guerreros,
La divina canción de los poetas.
Por igual en las pampas argentinas
Que en nuestras sementeras filipinas,
La espiga de oro que en el sol se baña
Y la flor que perfuma estremecida,
Flor que es el alma, espiga que es la vida,
Son vida y alma tuyas, madre España...
¡Madre, sí, más que reina, más que
dueña,
Madre de Guatemoc cuando te sueña,
Y de Kalipulako si te hiere!
¡Madre que todo lo ama y lo perdona!
¿Qué labio ruin tu gloria no pregona?
¿Qué pecho es el traidor que no te quiere?
¡Oh, España! ¡Porque en tu alma nos enlazas,
Que te troven su amor todas las razas!
¡Y pues sus grandes gestas altaneras
Creó el mundo al calor de tus leones,
Que te echen flores todas las naciones,
Y que te besen todas las banderas!
El eco de tu mágico renombre
Que de hemisferio en hemisferio vuela,
Es el atril divino de tu Historia....
¡Llenas están las tierras de tu nombre!
¡Llenos están los mares de tu estela!
¡Llenos están los cielos de tu gloria!
Contemporáneo. De familia lauta, nació en Manila el 30 de Septiembre de 1892. Cursó estudios en el Instituto de los Jesuitas y Universidad dominicana de Santo Tomás. Aquí, algunos de Medicina. Colabora en Prensa de Manila e Ilo-Ilo, habiendo dirigido en la capital de las Bisayas el «Nuevo Heraldo». Sus poetas favoritos son Villaespesa, Carrere, Marquina, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado y Nervo. Pero, sobre todos, Rubén Darío. Ha usado el seudónimo Floriam.
He mirado tus ojos serenos,
me be bañado en su luz tardecina,
y he sentido vibrar alma adentro
una voz misteriosa escondida...
Fiel remedo de acordes lejanos,
con arrullo de besos y brisas,
con susurro de mansas corrientes,
con acento de notas distintas,
con la amarga profunda tristeza
que evoca doliente la cítara lírica.
He mirado tus ojos serenos,
me he bañado en su luz tardecina,
y he logrado saber tus angustias,
y he logrado leer tus desdichas.
Hay un dardo mortal en tu pecho
y en tu frente una sombra querida,
una tenue tristeza en tu rostro
y en tu boca una vaga sonrisa...
algo raro que es todo un misterio,
que nadie lo acierta y no lo adivina.
No te importe la cruel carcajada
de esa gran muchedumbre que grita.
Ven a mi, pobre enferma del alma,
y en mis hombros amantes reclina.
Yo te doy el calor de mis brazos,
yo te entrego gustoso mi vida,
yo te ofrendo la miel de mis trovas,
yo seré tu cantor, alma mía...
quien arrulle con versos tus sueños
tus sueños marchitos, mimosa chiquilla.
1920
En las postreras horas del crepúsculo,
cuando respira todo paz y calma,
y la tristeza reina en el ambiente
oloroso a sampagas...;
ese momento hermoso
del sol que se desmaya,
ocultando sus últimos fulgores
en las cumbres lejanas,
para dar paso a la plateada luna
que en luces se desata;
cuando pára el acento
de las corrientes mansas,
y de las ramas dormidas
descansan sosegadas
las mayas15 que anhelantes sólo
sueñan
en la pronta alborada
para lanzar de nuevo por los aires
la voz de su garganta;
cuando parece que la gente toda
el calor del hogar busca en sus casas,
gusta en estas horas de quietud solemne
mi fantasía alada
de remontarse hasta el azul del cielo
a regiones soñadas
donde no existen viles opresores,
ni pasiones funestas y malvadas.
Nota 15: Pájaro diminuto, de dulce pio, abundante en los bosques del país.
Semejante ilusión mi mente crea
cuando en la imperial calma
de la tarde que muere lentamente,
cual la luz de una llama,
yo dejo en libertad mi pensamiento
que forja una añoranza;
sueño estar a tu lado, y es mi anhelo
y son mi dicha y mi alegría tantas
que con amor te llamo como un loco
buscando a la mujer que yo soñara
en un rato de ciego desvarío,
que con fervor pensaba,
recordando en el brillo de tus ojos
cual fulgor de alborada...
Mas, ¡nada! esta ilusión, fugaz, ligera,
sólo es vana esperanza
que aumenta mi dolor y mi agonía
que me roba la calma,
y arranca de mis ojos melancólicos,
sinceras, fugitivas, muchas lágrimas.
Bien, aquí estoy, de cara al Universo,
Altivo el gesto y el mirar sereno;
Lanzando al viento mi sonoro verso,
De grato incienso y de perfumes pleno.
Desde mi alto sitial, indiferente,
Contemplo al pueblo que ante mi se inclina;
La pobre humanidad triste y doliente
Que por la senda del ideal camina.
Me encuentro solo, sin ningún recelo
A los Zoilos pedantes y ruines.
Yo tengo por bandera el ancho cielo,
Vibra mi voz en todos los confines.
Me inspiran compasión esos traidores
Que vallas van poniendo en mi camino,
Mi numen de centellas y fulgores
Les señala a cada uno su destino.
No me asusta el ladrido de los canes
Que celosos envidian de mi suerte;
Yo, como Cristo, repartiendo panes
Protejo al débil cuanto insulto al fuerte.
Soy el bardo rebelde que en sí encierra
Un corazón ingente y bondadoso;
Y mi verbo es de admonición y guerra
Que aplasta al necio vil, ruin y coloso.
No me)espanta la voz del sordo trueno.
Yo no conozco el miedo ni el fracaso,
Mi alma es un sol de resplandores
lleno...
Sobre la ignata muchedumbre paso.
¡Oh, musa, ven a mi! Dame tu aliento,
Que quiero hablar retando al orbe entero,
Y aunque el dolor me abrume el sentimiento
No he de soltar mi cítara de acero.
Me gusta combatir. Amo la lucha.
Me siento fuerte ante el cruel tirano,
Y al torpe que mi voz no atento escucha,
Castigo impío con nervuda mano.
¿Qué me importa lidiar?--Si tras la lidia
Me aguarda entre sus brazos la victoria.
¿Qué me importa que otros con perfidia
Quieran manchar mi nombre envuelto en gloria?
Detesto el odio, la traición y engaño
Y a aquellos quienes me odian los perdono;
Podrán viles hacerme todo daño,
Mas no me harán temblar en mi alto trono.
Por encima del odio y de la inquina,
Todos pregonan mi carácter noble.
Yo proclamo mi sangre filipina,
Y tengo la altivez del viejo roble.
He heredado mi roja rebeldía
De un valiente sultán invicto moro.
Es mi sola heredad, y a fe mía,
Yo la guardo como único tesoro...
Alma presa de dolencia,
Nunca encontrarás clemencia
Si no te acudes a mí:
Yo tu tristeza sentí,
Alma presa de dolencia.
Rosa de melancolía,
Toda pasión y dulzura,
¿Quien te dará su alegría?
Yo por tu bien te daría,
Todo mi amor y ternura,
Rosa de melancolía.
Todo es mentira en el mundo.
El desengaño encontraste,
Tu que mi afán despertaste,
Con tu desprecio profundo.
¡Todo en la vida es contraste,
Todo es mentira en el mundo!
Olvidemos lo pasado,
Ven de mis ansias en pos...
Ya que el amor ha tronchado
La existencia de los dos,
Olvidemos lo pasado.
Lejos de todo, olvidados,
Entre mil plantas y flores
Construyamos nuestro hogar;
Y por siempre enamorados,
Cantemos nuestros amores,
Ciegos a cualquier pesar,
Lejos de todo, olvidados....
Manileño aunque de abolengo español. Abogado por la Universidad de Manila. En esta ciudad, muy joven, comenzó a actuar de periodista en «El Comercio» y otros diarios españoles. Alrededor del cambio de dominación vino a España, fijando su residencia en Barcelona, donde ejerce con lucimiento su carrera hace más de veinte años.
¡Qué dulcemente en el eterno sueño
que en flor segó una vida sin agravios...!
La pálida escarlata de tus labios
que el rocío del alma humedecía,
los santos clavos del sagrado Leño
tenuamente teñía.
Contemplando tu faz agonizante,
contemplando impotente que arrastraba
mis venturas la Muerte en su fiereza,
«¡En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu...!», clamaba
trémula de estupor
mi voz desesperante.
Dulcísima rendiste la cabeza
consumando espantoso sacrificio;
a la gloria ascendiste con presteza
para empuñar de la virtud la
palma,
dejándome en el alma
mortal tortura, aterrador suplicio...
......................................................
Tus despojos después enriquecieron
próvidas flores que en cercano día
en ánforas tus manos dispusieron,
las mismas que en tus últimos delirios
impetrabas la amable compañía.
Y verbenas y anémonas y lírios,
llenos de excelsitud y de poesía,
rociados con mi llanto
fueron contigo, ¡Emula! al Camposanto...
Me prestas la sonrisa encantadora
que el pecho desgarrado necesita
para aplacar los ayes que vomita
del terrible dolor que le devora.
De nuestro amor el ánsia arrobadora
que fluya eternamente Dios permita,
feliz en tu alma en la Mansión bendita,
triste en mí en esta Tierra engañadora!
Por eso le suplico reverente
que no falte jamás luz en la mente
para que en ti se fije el pensamiento;
en el habla, calor para ensalzarte;
y fuego abrasador, encendimiento
vivo en el corazón, para adorarte.
¡Mirtácea
esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tu médula inyectar
la esencia misteriosa
del alma tormentosa
que no ha podido el llanto debelar!
Tu estrenua arboladura
gallarda y rígida se yergue al pie
de sacra sepultura
que guarda la armadura
de la verdad de mi amorosa fe.
Tu fronda balancea
temerosa, y las hojas ven lucir
cuando el día
febea,
la líquida presea
que ha de absorber la tierra al efundir.
El pétalo
minúsculo
ufana ostenta tu plateada flor,
y al brote de su
súrculo
más vivo en el
crepúsculo
en declinando el sol dominador.
Exhala ténue
esencia,
que es plegaria que envuelve, al descender
hasta la Omnipotencia,
lamento y asistencia,
primera lágrima, efusión postrer.
¡Eucalipto arrogante
que erguido impávido junto al panteón
despliegas fascinante
tu fronda murmurante
y embalsama tu nívea floración;
cipo fúnebre;
estela
que Natura lavanta a la virtud;
superno centinela
que siempre, siempre vela
de mi amada la frígida quietud;
mirtácea
esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tus fibras inyectar
la esencia misteriosa
del alma congojosa
que no ha podido el llanto debelar!
Comtemporáneo. Frisaba con los 17 años cuando publicó en Manila (1911) su colección de poesías Luzónicas. Es natural de la Pampanga.
Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo
y ha llenado de rosas mi pobre habitación,
y yo le he preguntado quién era, y era Mayo,
Mayo con su perfume de flor y corazón.
Abriéronse mis brazos a su áurea caravana
y se llenó mi mesa de vaga devoción;
fué un desfile de rosas y aves por mi ventana,
abierta a la olorosa y dulce procesión.
Y al fin, emocionado, hablé:--Mayo, ¿qué
quieres?
(El me miraba como miran esas mujeres
que están enamoradas o enfermas de soñar).
Mayo ¿qué quieres?--dije de nuevo. Y él
entonces,
sonó todas sus risas, sus besos y sus bronces,
para rugirme como pudiera un tigre:--¡Amar...!
Que descansen en paz los que cayeron
porque el volcán les hizo lo que fueron:
barro, barro no más,
¡Que descansen en paz!
Un requiescat a todos los temblores,
y a todos los dolores,
de los niños, ancianos y mujeres,
que mató ese maldito, ese loco criminal
que en el mapa se llama el volcán de Taal.
Dios puso el fuego en los volcanes como galas,
para que su humo trémulo, a modo de un favor,
le incensase;
como puso dos alas en el ave y cien alas
en la flor
para que le perfumase.
Y de esto que proclamo
¡oh, pueblo! no te asombres;
conos de cumbres, horror de los infiernos,
los volcanes, los reyes, los gobiernos,
son para la vida universal que yo amo
y no para matar razas y hombres.
Para el desastre hay que oponer el alma;
a la indigencia abrir nuestro tesoro,
y ahora que alumbra, en calma,
el sol, los restos de aquel toro de oro
que adoraba el taaleño como Israel el becerro
en los vastos desiertos, lloremos por los muertos,
por el hombre, el águila y el perro.
También lloró el volcán. Y fué su
llanto
de lágrimas de oro, de besos de quebranto,
y de terror,
después que vió a sus vírgenes completamente
yertas,
después que vió a sus islas completamente
muertas,
Y sobre todo, muerto para él, todo el amor.
Mirad. No tiene fuego;
su cumbre está violada, su entraña carcomida,
perdió el Coloso vida,
de tanta vida en flor, como extirpara luego,
y loco de vergüenza y de arrepentimiento,
va hundiéndose, va hundiéndose,
la mismo que un perfume deshecho por el viento;
reuniéndose;
plegándose como una multitud plegárase en un
templo,
o como van los pájaros enfermos a su nido,
para gemir:--¡Oh, Césares, miraos en mi ejemplo!
para gritar:--¡Oh fuertes, yo muero arrepentido...!
Nació en Parañaque (hoy provincia de Rizal), el 17 de Febrero de 1890. Estudió en el Ateneo municipal de los Jesuitas y luego en la Universidad de Santo Tomás. A los nueve años hacía versos castellanos. A los 14 los componía en latín. Ha obtenido premios en certámenes. Sin desdeñar lo moderno, venera a los clásicos españoles. Es maravilloso declamador. Ahora actúa como redactor muy distinguido de «La Vanguardia» y profesor de la Universidad de Filipinas.
(EN UN ALBUM)
En la flor de tus labios adivino
algo ideal que tu hermosura viste,
mientras, soñando en ellos, bebo el vino
de un ensueño de gloria que no existe.
Lo imposible es un ala que nos roza
creando en el dolor fuertes enojos.
¡Ay! No poder volver hasta mi choza,
llevando la presea de tus ojos!
Le diría a mi madre:--¡Madre mía,
pon tu albo traje, alégrate sin tasa;
ya tenemos los dos, de noche y día,
Un milagro de Dios en nuestra casa!
Dios ha puesto en el arco de tus cejas
la excelsitud de un arco-iris santo,
igual que pongo un borbotón de canto
en una lira de cadencias viejas.
En el hondo negror de tus guedejas
la Noche obscura distendió su manto,
esa deidad que sorprendió mi llanto
más de una vez en tus doradas rejas.
Ven, y no tardes más. Dios ha querido
que fueras la paloma que convida
a las ternezas místicas del nido,
y yo, un fuerte soldado apolonida,
que, recogiendo mi pendón caído,
con la espada y laud, te dé la vida.
Julio, 1919.
(A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA) (FRAGMENTO)
Embajador de madre Hispania: alzo la copa
a lo alto del Ensueño por la salud de Europa,
la Europa uncida al yugo del hado militar
bautizada con sangre por aire, tierra y mar,
la Europa que há rencores de hermanos entre hermanos
pero jamás de bardos indios y castellanos,
porque es la onda que corre por la arteria del verso
piélago de armonías que baña el Universo.
La España de hoy es sorda a irrumpir de metralla
ahita de laureles en cesáreas batallas,
no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo,
de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo,
la que hizo de los pueblos haz de suelo español
en que no se ponía la hipérbola del sol;
ramo de oliva porta en sus divinas manos,
que no quieren teñirse en sangre de cristianos,
consiguiendo el arrullo de la fabla rimada
lo que soñara en vano tiranizar la espada.
Tú, que al partír de Cuba, inclinada la frente,
cojiste tierra, «para besarla eternamente»,
lee en el libro abierto de mi Naturaleza,
donde es panal la vida y otro Dios la belleza,
donde, como en un pórtico de bienaventuranza,
encontrarás a cada aurora una esperanza,
y en la mujer, la flor, el nido y los alcores,
oirás la sinfonía de todos los amores;
el cielo, siempre azul, sin mácula ni daño,
que da eternal cobijo al propio y al extraño;
los árboles ciclopeos que alzan la copa al cielo
y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo,
de corteza tan amplia, que unida la cintura
de tres gigantes de descomunal figura;
el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayón16
de fraguas encendidas como un gran corazón,
incensario de fuego hiriente en el altar
de la patria, como un eterno luminar,
como idea que salta del crisol de tu mente,
como el anhelo indígena de ser independiente...
Nota 16: Volcanes filipinos.
Y así, mientras la Europa riñe feroz
contienda,
y España es madre que no olvida a su hija ausente,
también como guerrero de acero no humillado
que alegra la vejez mirando en el pasado...
Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias
del rey Alfonso XIII, flor de las democracias;
que con la unción del reino te entregó el
estandarte
tutelar y simbólico de la Paz y del Arte,
para que tu voz fuera en mi indiano solar
el reparto y renuevo de un amor secular,
(el árbol que la entraña de nuestro bosque
cría
en cada retoñar acrece su ufanía);
para que tu voz fuera el aviso y proclama
de que el idioma hispano no muere, pues se le ama,
y España es madre que no olvida a su hija ausente
a quien dió sangre e idioma en un rincón de
Oriente;
y de que es ley que el vínculo espiritual subsista
por cima del destino, del tiempo y la conquista.
Heraldo de grandezas de la matrona ibérica,
que pulsaste la cítara en la española
América,
y envuelto entre los pliegues de su argentino manto
volcaste toda el ánfora de tu lirismo santo,
la flor que aroma, clave que trina, el río en calma,
como en el laberinto de sus dudas el alma,
te brindará su encanto la paz de los cañales,
desatará tu rima bajo espesos mangales,
te pondrás en el cuello un collar de sampagas,
la flor amada de las vírgenes dalagas...
Verás, al fin, un breve Edén en el
planeta
que no pudo jamás soñar ningún poeta.
Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvarío,
que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mío.
Al ver los oros tenues de tu encaje,
tu lino de eucarística blancura,
quiero curar mi hidalga desventura
encarcelado en la prisión de un traje.
Tal que mis potros es mi amor salvaje;
pero, en mi sed de clásica aventura,
yo deshojo una flor a la hermosura
y la rindo perpetuo vasallaje.
Ya se que afirmas que no sabes cómo
el ciego impulso de mis potros domo;
pero perdona si a mi vez te arguyo,
Que este mi amor es impetuosa fiera
que sólo una mujer domar pudiera
con un mirar celeste como el tuyo.
Antes de abandonarte, ciudad maravillosa,
que ungiste de alegrías mi peregrinación,
quiero dejar prendida en tu escudo una rosa,
que yo he santificado ante el altar de Otón.
La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa
lágrima que yo vierto, queda mi corazón;
y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa,
vivirán por los siglos dentro de mi canción.
Más alto que el kanuyos
cerniéndose en los montes
mi alma tenderá el vuelo a extraños horizontes,
cantando de los pueblos el himno redentor;
Pero, así bramen vientos y se refosquen cielos,
hacia estas islas sacras retornará sus vuelos,
¡como el ave que vuelve a su nidal de amor!
Abril, 1920.
Mujer, ¿te acuerdas? Con la sien caída,
en tu palor marmóreo de azucena,
tú desleías, como un alma buena,
todo el rosal de una ilusión perdida.
Aquella tarde fué. No sé si herida
en la raíz de tu virtud serena,
mi audacia fácil añadió otra pena
al calvario de penas de tu vida.
Llorabas y reías. De tu boca,
rojo nidal de sierpes del deseo,
fluían en suspiros mil encantos...
--¡Qué loco eres!--dijiste. Y yo, ¡qué
loca!--
Pero en medio de tanto devaneo,
--¿lo recuerdas aún?--fuimos dos santos.
La dulce Hija, postrándose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lágrimas empaña:--
--«Dios ha dispuesto el término del plazo
y ya es la hora de romper el lazo
que nos unió tres siglos, ¡Madre España!
¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido
va fermentando el anhelar dormido
y, el germen abonado se agiganta,
la gratitud es flor del alma mía,
y no muere la clásica hidalguía
donde se irgue tu cruz, tres reces santa.
Puede venir el águila altanera
y hundir el corvo pico en la bandera
de gualda y oro, que nos da alegría;
podrán poner a mi garganta un nudo,
que cuando ¡el labio se retuerza mudo,
irá a gritar el alma: ¡Madre mía!
¡Dichoso instante aquel que vió a las olas
dialogar con las naves españolas,
llevando a Limasawa a Magallanes!
De entonces a hoy, portentos mil se han visto,
y es que el poder de España arraiga en Cristo,
manso y sin hiel, multiplicando panes.
Soberbio es tu ideal, como tu gloria,
largos siglos ataste a la victoria
al carro de tu funesta monarquía.
¿Cómo no amar tu gesta no igualada,
si en las fronteras que humilló tu espada,
el gran disco del sol no se ponía?
Mas, ¡no es la espada omnipotente sólo
la que al brillar del uno al otro polo,
obró cien maravillas en el llano;
es la esencia vital de las Españas,
que al invadir palacios y cabañas,
prestó eficacia al ideal cristiano.
Quién empuñó con varonil denuedo,
en los tiempos de Lope y de Quevedo,
«el cetro de oro y el blasón divino»;
quién sembró de fé en la individual
conciencia
decoro en la mujer, que es otra herencia,
luz en las mentes y oro en el camino.
La que duerme arrullada por el cántico
de las ingentes olas del Atlántico;
la que empujó a Colón hasta la entraña
del mundo nuevo, que copió su
hechura;
la que llevó a las pueblos fé y cultura
y áuras de libertad... Esa es España.
España, la invencible soñadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al danzón se entrega,
mas cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;
La patria de la vid y la verbena,
que fía a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna,
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
única madre que meció mi cuna.
Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y día miráronse atestados
de hijos nativos del saber amantes:
hiciste héroes y armaste caballeros,
y aun late en el cantar de mis troveros
la dulcísima lengua de Cervantes.
¡Oh rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una cítara que ondula,
--es blanda arcilla y música ese idioma--,
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.
Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el kundiman17 cuando canto,
y es en la liza imprecación y alerta.
Podrán hurtarme mis veneros de oro,
pero al perder tan singular tesoro,
es que habré sido traicionado y muerta.
Nota 17: Canto popular filipino.
Rizal, Mabini, del Rosario y Luna,
hijos míos y tuyos son. Cada una
lleva en la frente un evangelio escrito.
Si yo les dí mi maternal entraña,
no empresa mía fué, sino de España,
fundir el alma en su troquel bendito.
La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
está en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las más encontradas ambiciones,
tu religión, tu fé, tus tradiciones,
han abrigo recóndito en mi pecho.
En el curso del tiempo, desenvuelto,
tú, España, volverás,--¿Qué amor
no ha vuelto?--
Presa en la red del propio bien perdido:
serás un ave, enferma de añoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en dirección al solitario nido...
Si están ahitos de llorar tus ojos,
y en otros días te causara enojos,
la era de paz y de perdón se inicie.
¡Oh, qué mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!
...Mientras la vista atónita vislumbra
la luz de redención en la penumbra,
e hijos del alma apréstanse a las lides;
¡vé, Madre! Y digan valles y colinas:
¡Gloria a la Madre España en Filipinas!...
¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides.»
Veterano poeta cuyo plectro ha golpeado la lira bajo las dos soberanías. Nació en Biñán (Laguna), en 1860, Fué condiscípulo y alter ego de Rizal en el Ateneo municipal, y juntos se graduaron de bachiller en 1877. Hacía versos a los catorce años. Cursó la carrera de ingeniero industrial, y para perfeccionar sus estudios viajó por Europa, Años residió en Barcelona. Son sus pasiones, además de la matemática, el ajedrez y la música. Fué general de ingenieros con el ejército revolucionario. Sus poetas dilectos son Campoamor y Villaespesa. Mora en Manila actualmente, siendo profesor de guitarra del Conservatorio.
El rocío de nubes blanquecinas
Eterniza la flor de las colinas,
Esa flor que en su cáliz peregrino
Encierra el ósculo del amor divino,
Llevado allí por las sublimes notas
Del eterno cantar de los patriotas.
Blanca flor de montañas
Que en el azul empíreo se mece,
Cuando surgen patrióticas hazañas
Se multiplica y por doquier florece;
Pero diz que se oculta y desparece,
0 se demuda roja,
Cuando patria postrada se sonroja,
Y vagan por las nubes sus raíces
Lloradas por las musas infelices.
En tanto llega el día
En que, unido el valor a la hidalguía,
Surje en la excelsa cumbre
La cálida ambrosía
Que, a la ignición de misteriosa lumbre,
La planta vitaliza
Y el amor de las musas fecundiza.
Sus hojas transparentes,
que guarnecen flexibles enramadas,
Irradian luces mil, resplandecientes
En medio de penumbras, azuladas,
Y esparcen, difundidos en su brillo,
Los campestres olores del tomillo
Refrescados por niveas sampaguitas,
Burlonas de las cuitas.
Del filipino céfiro amoroso,
Que atrae candencioso
Mil íntimas fruiciones infinitas...
Vértigo voluptuoso
De sonrisas, caricias y murmullo
Que vibran de una flor en el capullo.
El tronco de esa planta legendaria
Viste el tul que en la selva solitaria
La quietud simboliza
Y el frío del olvido cristaliza.
Mas, en lo alto, los vientos con sus marchas
Pasan para engarzar vivas escarchas
En derredor del cristalino encaje
Que en excelso ropaje
El tronco viste... ¡signo de grandezas!
Bajo una blanca trama de finezas.
Misterioso tamiz de las virtudes
Que alcanzan a divinas altitudes,
y parece una espléndida
bandera
Que cubre un mástil de genial quimera.
Veste reticular a cuyas mallas
Llega el eco triunfal de las batallas,
Velo quizás de nupcias redentoras
Que a la patria querida
Viene anunciando bendecidas horas
De una raza indomable redimida.
Y ¡lo que más asombra!...
Sus raices nunca, yacen en la sombra.
Se adaptan en graníticas fisuras,
Desafiando el rigor de las alturas.
Forman telas de mimbre,
De finísima, urdimbre,
Sobre cálido erial o entre los hielos...
Sólidas, al amparo de los cielos,
Y a la vista del sol y las estrellas,
Bajo el fluído vital de las centellas.
Y, hasta en sus pequeñeces,
No puede la soberbia planta humana
Hollar con altiveces
La raiz soberana,
Que en la cúspide siempre se coloca
De acantilada roca,
Por cortantes aristas defendida...
Y es necesario despreciar la vida
Para llegar al pie de la meseta
Donde marca la flor dificil meta...
Pináculo oriental de lo sublime
Al que el astro solar su beso imprime,
Genio inmortal que velas noche y día
Por la ventura de la patria mía:
¿Cuando hallarás la flor de los colinas
En las altas montañas filipinas?
En sus juegos de niño,
Al descender ufano
Del tronco envejecido de un manzano,
Miraba con cariño
El fruto más hermoso,
Que a mí me regalaba generoso,
Y muy sério decía:
«Es pequeña, redonda,
Y parece una cara de muñeca
Sonrosada y moronda...
Y yo, en vez de comerla, le pondría
Ojitos».--Y, apesar de alguna mueca,
Convertía aquel fruto
En busto de cupido diminuto.
Lector; si crées invención galana
La escultura pueril de la manzana,
Admite estos detalles,
Y prueba por tí mismo,
(Siempre que iguales elementos halles
Para el escultural idealismo),
Hacer de aquella fruta
Una muñeca fresca y diminuta.
Manzana filipina,
Sonrosada, aromosa, pequeñina,
Y para dar una cabal idea,
De la infantil presea,
Te diré los coloquios que en la infancia
Sostuve con Rizal, en una estancia.
Parece que lo veo:
Con un carbón muy negro y puntiagudo
Le puso cejas y ojos... lo que pudo.
--¿Sin narices? le dije, ¡oh que feo...!
--«Estate quieto, espera,
ya le pondremos la nariz de cera,
Una nariz pequeña, filipina,
Nariz de la modestia, simple y fina.»
--Pero dime, ¿y la boca?
--«Eso aquí, muy pequeña, se coloca
Sobre este hueco, ¡hoyuelo de bellezas!
Expresión de inocentes gentilezas.
Con dos más, forman una maravilla
En cualquier sitio de infantil mejilla».
--¿Queda sin cabellera?
--«Sí. Sólo una gorrita
Con una blanca y grande sampaguita
18.
Un pámpano escotado por pechera,
Y en el cuello... así... o como se quiera
Por corbata ilang-ilang o champacas19
0 las verdes hojuelas de albahacas;
Por faldillas las rojas gumamelas20
Y dos partidos mondos cacahuetes
Por piés, con dos corolas por chinelas,
Ocultas por ribetes
Formados en minúsculos estambres,
Y verdosos pistilos,
Que ensartan dos alambres
O metálicos hilos,
A simular el oropel y encantos
Que dan la majestad a regios mantos.
Nota 18: Aromosas flores del Archipiélago.
Nota 19: Flor roja, silvestre, parecida a nuestra amapola.
Nota 20: Hibiscos (Tagalog).
«¡Es niño filipino!»,--me
decía,--
«Le visto con suprema gallardía.»
Pasaron sin quebrantos
Esos días de juegos infantiles;
Vinieron los Abriles,
Con todos sus encantos
Haciendo palpitar los corazones.
Y Rizal ya tallaba
Machetes y cañones,
Y siempre preparaba,--
¡Manera singular de sus hazañas!--
Contra el cañón el triunfo de las cañas.
Y esto es verdad, mi buen lector mundano,
Porque él, con catapultas de cañizo,
Con frecuencia deshizo
El rico armón de mi cañón prusiano.
!Del arte militar, el horizonte
Que ve un Napoleón o un Jenofonte...!
Mas tarde, siempre vencedor en tierra,
Piensa en barcos de guerra filipinos...
Y ya cansado un día
De la dificultad que siempre encierra
El triunfo en mar bravía,
¡Buscó en lo sobrehumano los destinos...!
Se puso con empeño
A esculpir en un leño
El frío simbolismo de algún santo...
Y el arte místico feliz nacía
Con religioso encanto
Al modelar su culta idolatría.
Ya es preciso cruzar los anchos mares.
Los genios tutelares
Nos señalan el triunfo muy lejano.
Allende el Océano
Veremos a Rizal en Barcelona
Sobre una mesa del «Café Pelayo»
Mirarnos de soslayo,
y con, medida artística
segura
y sonrisa burlona,
En el mármol hermoso, muy pulido,
Una caricatura
Haciendo, pronto, igual y de corrido.
y allí nos señalaba,
Con rayas y con puntos
Cada uno y todos juntos,
Y caracterizaba
Nuestras tendencias siempre juveniles
En el loco correr de los Abriles.
Do quiera, hasta en los días de algaradas
Era Rizal artista en las veladas.
Siempre sus poesías
Eran una escultura,
0 luciente pintura,
De sublimes, vibrantes melodías
Que por los mares y hasta por los aires
Transportaba, en patrióticos donaires,
Su artístico altar de estro divino,
Del suelo filipino
Amor de sus amores,
Búcaro inmenso de orientales flores.
Recuerdo que una tarde del Otoño,
En la Villa del oso y del madroño,
En casa de Paterno,
De filipinas glorias
Recolector eterno
Y pensador de idílicas historias,
Se hallaban literatos,
Ministros, periodistas,
Músicos y pintores,
Y todos los artistas,
En raros pugilatos,
A conquistar aplausos o bellezas
Exhibiendo primores
En cultas gentilezas...
Rizal, con tino singular y austero,
Me señaló en un rico musiquero
La colección de músicas tagalas,
Diciénidome sincero:
«Mi corazón palpita
Cuando a la luz de filipinas galas
La música infinita
De un canto lastimero
Despierta el alma mía
Al kundiman de suave melodía...»
Y me habló de la insólita guitarra
Y me dijo galante:
«Yo siempre pintaría al estudiante
Con libro, con laúd y cimitarra».
Y mientras la alegría fermentaba
En aquellos espléndidos salones,
De los ricos plafones
Donde el genio ideal seleccionaba
Filipinas pinturas,
Y salacots y bolos...
Mil bellas esculturas
Y hasta los chirimbolos
De igorrotes y aetas
Y mandobles y cotas
De ignorados atletas
En regiones remotas,
Y juventud allí rivalizaba...
Y entre música y flores se libaba,
En copa de abundancias,
Amistad y elegancias.
Rizal siente volar en el ambiente
Las cadencias aladas
Que allí llegaban desde Extremo Oriente
Por aires filipinos transportadas...
¡Melancólica
música sonriente,
por el artístico ideal rimadas!
Y siguiendo el relato
De aquellas expansiones
Que enaltecen patrióticas reuniones,
Donde el ameno trato
De jóvenes diplómatas noveles
Para la Patria conquistó laureles;
He de nombrar la femenil belleza,
Ornada de modestas galanuras
De filipina alteza,
Con sus alegres castas timideces,
Conjunto de hermosuras
Mezcladas con ingenuas altiveces.
Que preparó en su casa la velada,
Do emulación despierta en dulce calma
A filipina juventud mimada
En amores artísticos del alma;
La admirable Consuelo Ortiga y Rey,
Que amó en Madrid la filipina grey.
Allí Rizal «Me piden versos»21 dijo
En su patriótico amor siempre prolijo...
Y aquella niña, sin igual hermosa,
Divisó en lontananza alguna cosa
Que faltaba en aquel rico concierto,
En donde gracias, músicas y flores
Esparcían fulgores,
Pues Rizal se sentía en un desierto
Recordando a su Patria encadenada.
La huérfana gentil cerró sus ojos,
Y hasta arrugó su frente iluminada
Por mil destellos rojos,
Al pensar en su madre idolatrada...
¡Así Rizal llenó de pensamientos
Aquella hora de luz y arrobamientos!...
Nota 21: Cópiase esta composición entre las del Dr. Rizal.
Es arte el de decir hondas tristezas,
Revestidas de fuego y de bellezas.
De Luna e Hidalgo es el cantor sublime.
Del «Spoliarium» a mujer llorosa,
Y de «Las Vírgenes» a voz que gime
En cristiana actitud de fé radiosa,
Cuando pinta con vívida hermosura
La expresión de simbólica pintura
En un brindis genial «A los pintores»
Que a la patria llenaron de esplendores.
Allí comienza el prólogo infinito
De su pasión creciente
Y patriotismo ardiente,
En el Noli me tángere descrito,
Con al arte de hacer a los patriotas
En las batallas de candentes notas.
Clarividente y singular atleta
Ya era Rizal el escultor profeta.
En Leitmeritz he visto un esqueleto
Que me llenó de asombro,
Y cual un amuleto
Me conmovió por su expresión macabra:
Sobre cualquier escombro
Puesta de pié, famélica osamenta
Cubierta por sayal que apenas se abra.
En el cuello un rosario.
Y mujer macilenta,
Forcejeando en ánsias ya mortales,
Contra el lúbrico abrazo del falsario
En sus horribles crápulas letales...
Con sus órbitas huecas
De carcomido sátiro en lujuria
Que arranca, atroz, horripilantes muecas
En la tragedia de bestial injuria.
Así lanza Rizal su primer reto
Al amor monacal en esqueleto...
Y ya a Dámaso Ponce le
vengaba
Y a su historia infeliz se anticipaba.
Borremos esa escena
Do el arte lucha en la mortal gangrena.
Otra rica escultura,
En «La ciencia que triunfa en la muerte»
Me enseñó Blumentritt con galanura,
Por venturosa suerte
Oí de aquellos labios
La incomparable explicación de sabios.
Un joven decidido y vigoroso
En lo alto, con indómita energía,
Cual bandera que ondea
En terrible porfía,
Ya blande victorioso
Antorcha que flamea
Para destruir el germen venenoso...
Bajo los pies, la calavera chata
En que ignorancia o muerte se retrata.
Esas dos creaciones
0 esculturas que admiran las naciones,
A Blumentritt le fueron regaladas
Por el mismo Rizal, cuando, talladas,
Buscó el depositario
Que comprenda y explique
Al pueblo filipino
Aquel plan legendario
Que opondrá eterno dique
A la ruda invasión de un adversario
En el duro camino
Para alcanzar la justa independencia...
¡Expresión soberana de arte y ciencia!
Blumentritt, en sus fúlgidos salones
De filipino ambiente,
Do laten filipinos corazones,
Sincero y elocuente
En aquel sitio mismo
!Qué parece el dosel del patriotismo!
Donde Rizal y él, solos conversaron...
Y de su patria con amor trataron
Me dijo conmovido:
«Ah... esas dos hermosas obras de arte
«A solas, serán parte
«A preparar santuario indefinido
«Para un altar futuro
«Cuando el género humano,
«En su criterio puro,
«Y amor cosmopolita
«Del mundo, soberano,
«Viva doquier con libertad bendita,
«Y transforme del todo el fanatismo
«En virtud, ciencias, artes y civismo.
Sí. De un templo en las gradas
Fundó Rizal sus obras celebradas,
!Texto o arquitectura
De un amor infinito, legendario,
Que revela en artística hermosura
Su noble corazón humanitario.
Y, por Rizal os juro,
Al entregar el último retazo
De este papel en que sus artes trazo,
Que es preciso que «Euterpe» siempre viva
En el amor más puro
De aquella iniciativa.
Y creciente este círculo del arte,
Con severa constancia
Y oriental arrogancia,
Levante inmaculado el estandarte
Do brillarán los astros de la gloria
Del libro artístico de nuestra historia.
Hijo de Manuel Casuso. Nació en Manila en 1898. † en el Japon el 19 de Julio de 1918. Escribió, cuando cursaba el bachillerato, las composiciones que se copian.
Cada caña es una flauta que solloza inconsolable
Si Céfiro agita blando sus penachos de esmeralda,
Y en el tedio de las siestas, si cruzamos los senderos,
Nos convidan a la sombra de sus plañideras ramas.
Son sus voces cual las dulces de princesas medievales
En el fondo de castillos imponentes encerradas,
Que inspiraron a los bardos melenudos de Provenza
Los más dulces madrigales arrancadas de sus arpas.
En la calma apetecible de los pueblos escondidos,
Como duendes protectores en las sendas se levantan,
Declamando sus estrofas de lirismo incomprensible,
A la vez que por sus hojas ruedan tímidas las
lágrimas.
Viajero, que con anhelos de poder llorar a solas
Te encaminas de las selvas a las partes resguardadas,
Llora, llora con el ritmo de las cañas majestuosas
Bajo pálios florecidos de vegetación malaya.
Cuántas veces he cruzado los caminos empolvados
Con el sol que descendió como un manto a mis espaldas,
Y he buscado la frescura de sus ramas temblorosas,
Cual oásis en desierto la sedienta caravana.
Y me han dicho sus tristezas, sus pesares, sus dolores;
Me han abierto los arcanos musicales de sus almas;
Me han narrado complacientes los sucesos culminantes
Y apopeyas de los días venturosos de la patria.
--«¿Dónde están aquellos fuertes y
valientes Solimanes
Que cruzaron otros tiempos estas selvas solitarias
A la guerra? Todo duerme bajo el polvo de la muerte
Y la voz del tiempo rudo va segando nuestra raza».
--«En los pechos y en los brazos falta ya el viril
denuedo
Y en la frente el entusiasmo y en las bocas la palabra:
Y la patria llora, llora, de sufrir el cautiverio,
Y no hay hombres, no hay soldados, no hay valientes no hay
espadas...»
--«Cuan mejores, ¡ay! los días en que
férricos guerreros
Nuestros troncos con el bolo para fin marcial cortaban.
Fuimos lanzas, fuimos saetas, que llevábamos la muerte
A las filas del contrario, con apóstrofes de rabia.
Hoy dormidas, sólo tienen nuestros troncos musicales
Armonías, que el ambiente saturando van de gracia,
Y amedrentan a los niños, a los tímidos y
púberes,
Que imagínanse que oyen los gemidos de las almas.»
....................................................................................
Retiréme de la sombra de las cañas sollozantes
Y me vine pensativo, ya muy tarde, hacia mi casa;
¡Y en el bosque proseguía dolorida sus lamentos
Una orquesta fabulosa de un millar de verdes flautas!
(FRAGMENTO)
Allá, detrás del mar, descansa España
con aire augusto de titán, rendida;
que al peso tanto de su mucha hazaña,
sobre sus lauros se cayó dormida...
Allá la patria de Guzmán el Bueno,
de un Cid que reta y en palestras mata;
y su tizona, remedando el trueno,
a los muslines en pavor desata...
Allá la noble España, madre nuestra,
aquí su noble hija del Oriente,
que a los extraños y a los propios muestra
que de ella supo levantar la frente...
Allá lo grande y lo sublime impera;
en Hispania halló el arte sus altares;
aquí esta Perla, que felice fuera
un pedazo de España en estos mares...
Mas hoy, cortados los benditos lazos,
tú estás muy lejos de nosotros, madre,
y aquí tendemos hacia ti los brazos
porque no hay suerte que sin ti nos cuadre...
Tú diste al mundo tus caducas leyes,
con cien coronas se ciñó tu frente;
hollaste cetros, destronaste reyes,
y ebria de gloria se durmió tu gente...
Si tanta gloria sin igual tuviste
y lauros cien tu señorial cabeza,
deja que diga que si al fin
caíste,
fué tu caída tu mayor grandeza.
¿Mas, hemos de insultarte cuando vemos
plegar tus alas que taparon soles?
¡Oh, nunca, nunca, que mejor seremos
hermanos filipinos y españoles...!
Cuando inclinan las flores sus corolas
sobre los tallos,
meditan sus pesares
y vierten llanto.
A las flores he oído muchas veces
gimiendo por lo bajo...
¿Tal vez entre sus pétalos el alma
hay de un enamorado?
¿Tal vez las mismas flores aun lozanas
reciban desengaños,
y tengan de amarguras y dolores
repletos los nectarios?
Yo no sé, yo no sé qué es lo que tienen,
pero ello es el caso
que cuando agita el aire sus corolas
suspiran por lo bajo ...
¡Las flores son las almas de mujeres
que en la tierra su crimen no purgaron,
mujeres que murieron olvidadas
después que tanto amaron,
y ahora vagan sus almas
de unas flores a otras emigrando,
y en el crisol ardiente de sus penas
purifican las huellas del pasado...
¡No arranquemos jamás con mano brusca
una flor de su
tallo:
las flores tienen alma; las he oído
gimiendo muchas veces por lo bajo...!
...................................................
Salí al campo cantando una mañana,
y vi sobre su alfombra
una siembra de gotas cristalinas,
de polícromas gotas.
¿Quién había llorado aquella noche?
¿Fueron, quizá, las
sombras?
¿Fueron, quizá, los
astros?
¿Fuera, quizá, la luna soñadora...?
No sé, no sé quién
fuera,
pero lágrimas eran tales gotas;
lágrimas transparentes
y de luces radiantes como auroras...!
Dicen que tienen alma las estrellas;
mas, ¿por qué lloran?
Yo conozco esas lágrimas y juro
que son de penas hondas...
A veces, cuando el cielo está sereno
y la noche reposa,
levanto al firmamento la mirada
y pálidas las veo y ojerosas...!
¿Hay penas allá arriba?
Y si penas no hay, ¿por qué sollozan?
¡Las estrellas son almas
que vivieron errantes y azarosas,
informando unos cuerpos
de materia podrida y hedionda...!
Contemporánea. Alumna de tercer año en el Centro Escolar de señoritas (High School) de Manila.
(OFRENDA.--DÍA ESPAÑOL, 25 JULIO 1922)
Con lealtad y gratitud sincera,
Unida a tí por irrompible lazo,
el alma filipina, en tu regazo,
Pone un beso de amor en tu bandera.
Perdónala si evoca plañidera
De tu recuerdo el indeleble trazo;
¡Oh! ¡cuán dulce calor el de tu abrazo
Para el que sufre en angustiosa espera!
Mas... escucha sus votos inmarchitos:
Ni del tiempo los cursos infinitos,
Ni el nuevo rumbo de tutela extraña,
Extinguirán en tierra filipina
La fe en tu amor, la fabla cervantina
Ni este grito supremo: ¡Viva España!
Nació en Manila en Abril de 1899. En San Juan de Letrán y en la Universidad de Santo Tomás, centros de enseñanza regidos por los frailes dominicos, se hizo bachiller y abogado. Fué redactor de «El Comercio», diario manileño en español. Lo es ahora del diario católico «La Defensa».
Es del artista inspiración fecunda;
flor divina en el huerto de la vida;
del bardo en el laud nota escogida
que de armonías la existencia inunda.
Angel hermoso que a la tierra inmunda
cayó del cielo con el ala herida;
blanca luz de la gloria desprendida,
que del vivir la lobreguez profunda
disipa con la magia de su encanto.
Es talismán de poderoso hechizo
que al brío de su amor no hay quien resista,
ni pecho que no ablande con su llanto.
¡Es Eva que nos quita el paraíso,
y es María que el cielo nos conquista!
Madre España,
por tu gloria,
por el brillo de tu historia,
por tu hazaña de tres siglos en la tierra de mi amor,
por la sangre que vertiste en las Américas,
por tus luchas tan homéricas,
por la gloria de tu enseña bicolor,
hoy levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras dicen mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
¡viva españa en Filipinas!
¡viva España y su memoria...!
y proclaman las trompetas
de la gloria
tu mirífica victoria.
Yo quisiera que mi verso condensara
el sentir de veinte pueblos hermanados
por tu idioma de armonía tan preclara;
veinte pueblos troquelados
en el fuego de tu alma generosa;
veinte pueblos herederos de tu historia y tu nobleza.
Yo los miro en este día como pétalos de rosa
colocada en el altar de tu grandeza;
como cuerdas de una lira colosal
que, pulsada por el genio de la historia,
suena un cántico real
de sublimes resonancias,
que venciendo las distancias
publicando va tu gloria
por los lindes del planeta...
Madre España: por tu honor,
por tu idioma, por Legazpi y Urdaneta,
por la gloria de tu enseña bicolor,
por la cruz que nos legaste, yo levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras cantan mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
¡viva España en Filipinas!
Y proclaman las trompetas
de la gloria
lo inmortal de tu victoria...
Julio, 1920.
Luchaste allá en la vieja monarquía
con voluntad exenta de egoísmo,
sirviéndote de escudo el patriotismo
y nuestra santa libertad por guía.
Vertiste gota a gota tu energía
en la lucha mental del periodismo,
al pueblo predica